Declaraciones de siniestros graciosas: Porque no solo los accidentes son inesperados, también las excusas

Declaraciones de siniestros graciosas: Porque no solo los accidentes son inesperados, también las excusas

En el día a día de nuestro negocio, cada persona nos explica lo que le ha pasado de manera única.

Si alguna vez has tenido un percance y has llamado a tu aseguradora, sabrás que explicar un siniestro no siempre es fácil. Entre los nervios, a veces la vergüenza y las circunstancias surrealistas, las historias que nos cuentan son de lo más variopintas.

Estos son algunos ejemplos de cómo declarar un siniestro puede convertirse en el mejor guion de cine. Ponte cómodo, porque hoy te traigo un recopilatorio de declaraciones de siniestros tan hilarantes como reales (o al menos eso dicen quienes las contaron).

1. «El coche simplemente desapareció»

Imagínate esto: estacionas tu coche en una calle con pendiente, metes el freno de mano (o eso crees) y te alejas pensando que todo está en orden. Pero, oh sorpresa, el coche empieza a deslizarse como si fuera una escena de Fast and Furious, sin ti al volante.

Uno de los asegurados explicó la situación con total solemnidad:
«No sé cómo pasó. Yo dejé el coche allí. Cuando volví, ya no estaba… parecía que había decidido irse solo a dar un paseo.»

Pues claro, amigo. Todos sabemos que los coches, además de gasolina, tienen sueños de libertad.

2. «Un jabalí se cruzó… y llevaba prisa»

Si conduces por zonas rurales, sabes que los animales son un peligro real. Por eso recomendamos tener la cobertura de daños cinegéticos. Pero ¿qué haces cuando el animal no solo aparece de la nada, sino que parece que tiene más ganas de chocar contigo que tú de esquivarlo?

Uno de nuestros favoritos declaró lo siguiente:
«Iba por la carretera de noche y de repente un jabalí salió corriendo hacia mi coche. Yo creo que quería vengarse de algo, porque ni siquiera intentó esquivarme.»

Quizá era un jabalí justiciero.

3. «El poste me atacó»

No eres tú, somos todos. A veces los objetos inanimados parecen tener vida propia, sobre todo cuando estás aparcando. Un cliente nos sorprendió con esta perla:
«El poste de la esquina no estaba allí cuando empecé a maniobrar. Apareció de la nada y golpeó mi coche.»

Claro, porque los postes son como ninjas. Nadie los ve venir.

4. «El viento y yo, enemigos naturales»

Hay días en los que simplemente no deberías salir de casa. Los que somos de Zaragoza lo sabemos: el viento puede arruinarte el día. Un conductor relató su peculiar batalla con una ráfaga inoportuna:
«Estaba bajando del coche y el viento abrió la puerta con tanta fuerza que golpeó al coche de al lado. Yo creo que ese viento tenía algo personal contra mí.»

Lo entendemos, amigo. Seguro que Eolo se reía mientras lo hacía.

5. «El perro conductor»

Este caso es inolvidable:
«Dejé el coche en marcha y salí a abrir la puerta del garaje. Mi perro saltó al asiento del conductor, tocó la palanca de cambios y el coche se estampó contra la pared. No creo que lo hiciera a propósito, pero nunca le gustaron las visitas al veterinario.»

Moraleja: si tienes un perro, asegúrate de que no tenga carnet de conducir (ni patas demasiado ágiles).

6. «El tercer coche fantasma»

Un relato digno de una novela de misterio:
«Yo iba conduciendo tranquilo, cuando el coche que iba detrás chocó contra mí porque, según él, otro coche invisible frenó de golpe delante de nosotros. Yo no vi nada, pero a lo mejor era un coche fantasma. ¿Eso lo cubre el seguro?»

Nos quedamos con la duda sobre el coche fantasma. Si algún día ves uno, avísanos. Nosotros solo conocemos el coche fantástico.

7. «Lo juro, esa bicicleta me perseguía»

Y cuando piensas que las bicicletas no pueden hacer mucho daño, un asegurado te demuestra lo contrario:
«Iba caminando por la acera cuando una bicicleta estacionada decidió caer justo encima de mi coche. Yo creo que esa bicicleta llevaba tiempo planeándolo.»

Moraleja de la Historia

Después de leer estas historias, seguramente te has echado unas risas, pero también has aprendido algo importante: declarar un siniestro puede ser toda una aventura. Si algún día te encuentras en una situación surrealista, recuerda estas palabras: lo importante no es cómo ocurrió, sino que tu corredor de seguros esté allí para ayudarte.

Eso sí, por favor, intenta no echarle la culpa al jabalí, al poste ninja o al coche fantasma… a menos que de verdad estén implicados. ¡Y si tu perro intenta conducir, mejor llévalo a un adiestrador antes que a la autoescuela!

¿Te han pasado cosas raras que has tenido que contarle a tu corredor de seguros o aseguradora? Déjanos tu comentario, porque, aunque no cubramos las risas, sí nos encanta leer tus historias.

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