Cerca de 11 millones de siniestros y más de 10.000 millones de euros desembolsados permiten conocer qué coberturas utilizamos realmente en el seguro del automóvil. Analizamos los datos y qué debería revisar cualquier conductor antes de renovar su póliza.
Pagamos el seguro del coche todos los años y, mientras no ocurre nada, resulta fácil considerarlo simplemente otra factura.
Hasta que necesitamos utilizarlo.
Los datos sobre el seguro de automóvil en España muestran precisamente hasta qué punto las aseguradoras forman parte de nuestra vida cotidiana en carretera.
Durante 2024 se produjeron cerca de 11 millones de siniestros relacionados con el automóvil y las aseguradoras desembolsaron 10.189 millones de euros para atenderlos, según los datos de UNESPA recogidos por Coches.net.
Traducido a algo más fácil de visualizar: aproximadamente cada tres segundos una aseguradora atiende un incidente relacionado con un vehículo.
El coste medio ronda los 920 euros.
Pero detrás de esa media existen enormes diferencias.
Una asistencia en carretera puede costar unos cientos de euros, mientras que un accidente con lesiones puede generar indemnizaciones de miles o incluso cantidades muy superiores.
Y precisamente ahí aparece una cuestión que desde Territorio Seguro consideramos especialmente interesante:
¿Tenemos asegurado aquello que realmente necesitamos?
La asistencia en carretera es la gran protagonista
Podríamos pensar que los accidentes son el principal motivo por el que utilizamos el seguro del automóvil.
No necesariamente.
La asistencia en carretera representa más del 40 % de las atenciones realizadas por las aseguradoras.
Es decir, aproximadamente cuatro de cada diez intervenciones están relacionadas con averías, problemas mecánicos, baterías, pinchazos u otras situaciones que dejan al conductor inmovilizado.
Su coste medio, según los datos publicados, ronda los 149 euros.
Individualmente puede parecer una cantidad relativamente pequeña frente a otras coberturas.
El problema está en la frecuencia.
Millones de vehículos necesitan asistencia cada año.
Y aquí encontramos una primera lección para el consumidor: cuando comparamos seguros únicamente por precio, podemos estar infravalorando una de las coberturas que más probabilidades tenemos de utilizar.
No todas las asistencias en carretera son iguales
Que dos pólizas indiquen «asistencia en viaje» no significa necesariamente que ofrezcan exactamente lo mismo.
Conviene comprobar cuestiones como:
- Si la asistencia comienza desde el kilómetro 0.
- Qué ocurre si la avería se produce cerca del domicilio.
- Hasta dónde puede trasladarse el vehículo.
- Si podemos elegir taller.
- Qué sucede con los ocupantes.
- Si existe vehículo de sustitución.
- Qué ocurre cuando estamos en el extranjero.
- Si se cubre un pinchazo o un problema con la batería.
- Qué límites económicos existen.
Una diferencia de unos pocos euros en la prima puede esconder diferencias importantes cuando aparece la grúa.
Por eso comparar únicamente el precio final del seguro proporciona una información bastante incompleta.
Los daños personales son menos frecuentes, pero muchísimo más caros
La responsabilidad civil corporal presenta una situación prácticamente opuesta.
Representa aproximadamente el 4,3 % de los siniestros, pero su coste medio alcanza los 7.218 euros.
Además, concentra alrededor de un tercio del importe destinado a indemnizaciones.
Tiene sentido.
Cuando en un accidente existen lesiones, las consecuencias económicas pueden incluir asistencia sanitaria, rehabilitación, días de perjuicio personal, secuelas, incapacidad e incluso fallecimiento.
Por eso el seguro obligatorio de responsabilidad civil constituye la base del sistema de aseguramiento del automóvil.
No está pensado fundamentalmente para proteger nuestro coche.
Está pensado para garantizar que las víctimas puedan ser indemnizadas por los daños causados.
El seguro obligatorio no significa que nuestro coche esté asegurado
Esta confusión continúa siendo relativamente habitual.
En España, para circular, el vehículo debe disponer como mínimo de un seguro que garantice la responsabilidad civil obligatoria.
Pero eso no significa que nuestro propio vehículo esté protegido frente a cualquier accidente.
Un seguro básico a terceros cubre fundamentalmente los daños que ocasionamos a otras personas o bienes cuando somos responsables del siniestro.
Los daños sufridos por nuestro propio vehículo pueden quedar fuera.
Por eso existen modalidades como:
- terceros ampliado,
- todo riesgo con franquicia,
- todo riesgo sin franquicia.
Y garantías adicionales como robo, incendio, lunas, daños propios, asistencia o accidentes del conductor.
La pregunta correcta, por tanto, no es únicamente:
«¿Tengo seguro?»
Sino:
«¿Qué tengo realmente asegurado?»
El conductor también merece atención
Hay otro dato especialmente significativo.
La cobertura de protección del conductor responsable está presente en el 94,6 % de los vehículos analizados.
Es una garantía muy importante porque el seguro obligatorio protege fundamentalmente frente a la responsabilidad por daños causados a terceros.
Cuando somos responsables del accidente, nuestras propias lesiones necesitan una protección específica.
Las condiciones pueden variar mucho entre aseguradoras.
Conviene comprobar:
- capital por fallecimiento,
- capital por invalidez,
- gastos sanitarios,
- límites de asistencia,
- posibles exclusiones.
Que una póliza indique «seguro del conductor» no debería ser suficiente para dar por hecho que la protección es adecuada.
Hay que mirar las cantidades.
Defensa jurídica: presente en casi nueve de cada diez vehículos
La defensa jurídica aparece en el 87,6 %.
Esta cobertura puede resultar fundamental cuando existe un conflicto relacionado con un accidente, especialmente cuando hay discrepancias sobre la responsabilidad o es necesario reclamar daños.
Pero nuevamente conviene mirar más allá del nombre de la garantía.
Un aspecto especialmente importante es comprobar qué límites establece la póliza para la libre elección de abogado y procurador.
Dos seguros pueden incluir defensa jurídica y ofrecer condiciones económicas muy diferentes.
Las lunas siguen siendo una cobertura muy extendida
La rotura de lunas está presente en el 77,8 % de los vehículos.
No sorprende.
Un impacto de una piedra en carretera puede convertir un trayecto completamente normal en una visita al taller.
Además, los parabrisas actuales son bastante más sofisticados que hace años.
Cámaras.
Sensores.
Sistemas ADAS.
Calefacción.
Proyección de información.
La sustitución de un parabrisas puede exigir también calibraciones posteriores de los sistemas de asistencia a la conducción.
El cristal ya no siempre es simplemente cristal.
Una paradoja: utilizamos mucho la asistencia, pero no todos la tienen
Aquí aparece uno de los datos más llamativos.
La asistencia en carretera supone más del 40 % de las intervenciones, pero esta garantía figura aproximadamente en el 56,4 % de los vehículos analizados.
La diferencia debería hacernos reflexionar.
Una cobertura relativamente frecuente puede no estar presente en una parte importante de las pólizas o puede estar contratada con condiciones limitadas.
Si nuestro coche tiene cierta antigüedad, realizamos muchos kilómetros o viajamos habitualmente, revisar esta garantía puede resultar bastante más útil que ahorrar unos pocos euros en la renovación.
Los daños propios tampoco son mayoritarios
La cobertura de daños propios aparece aproximadamente en el 39,9 % de los vehículos.
Tiene lógica.
A medida que un coche envejece y pierde valor, mantener un seguro a todo riesgo puede dejar de resultar económicamente atractivo.
Pero la decisión no debería depender únicamente de la antigüedad.
También conviene considerar:
- valor actual del vehículo,
- coste de reparación,
- kilómetros recorridos,
- capacidad económica para asumir una reparación importante,
- existencia de financiación,
- lugar donde duerme el vehículo,
- frecuencia de utilización.
Un coche con diez años puede seguir teniendo un valor considerable.
Y un vehículo relativamente nuevo puede utilizarse tan poco que el propietario prefiera asumir parte del riesgo mediante una franquicia.
No existe una modalidad universalmente correcta.
Existe una póliza más o menos adecuada para cada situación.
Los daños propios generan uno de cada cinco siniestros
Según los datos recogidos por Coches.net, los daños propios representan aproximadamente una quinta parte de los siniestros y presentan un coste medio de 1.090 euros.
Aquí entran muchos de esos incidentes que todos conocemos.
Una columna del garaje.
Un golpe aparcando.
Una maniobra desafortunada.
Una salida de vía.
Un accidente donde somos responsables.
En un seguro a terceros básico, muchos de estos daños correrán por nuestra cuenta.
Por eso, antes de reducir coberturas para ahorrar en la prima, merece la pena preguntarse si podríamos asumir sin problemas una reparación de 1.000, 2.000 o 3.000 euros.
Los incendios son poco frecuentes, pero caros
Otro dato interesante es el coste de los incendios de vehículos.
El coste medio señalado alcanza los 4.436 euros por siniestro.
No es una de las incidencias más habituales, pero cuando sucede puede provocar pérdidas muy importantes.
Además, con la evolución del parque automovilístico y la presencia creciente de vehículos eléctricos e híbridos, el análisis del riesgo está evolucionando.
Lo importante para el consumidor vuelve a ser comprobar la póliza.
«Terceros» no equivale necesariamente a «terceros con incendio».
Y «todo riesgo» tampoco debería interpretarse literalmente como «absolutamente todo está cubierto».
En seguros, el nombre comercial nunca sustituye a las condiciones del contrato.
Jóvenes y mayores no aseguran igual
La edad también influye en las coberturas contratadas.
Los conductores jóvenes tienden a contratar en menor medida determinadas garantías como los daños propios.
Una explicación bastante evidente es el precio.
Los conductores jóvenes y con menor experiencia suelen encontrarse con primas superiores, lo que puede empujarles hacia pólizas más básicas.
Los conductores de mayor edad presentan, en cambio, mayores tasas de contratación de garantías como lunas y asistencia en viaje.
Aquí aparece otro problema interesante:
quien puede tener más dificultades económicas para asumir las consecuencias de un accidente puede terminar contratando menos protección precisamente porque asegurarla resulta más caro.
¿Dónde se producen más siniestros?
Madrid aparece a la cabeza en número absoluto, con 2,77 millones de incidentes y 1.813 millones de euros desembolsados.
Barcelona registra 842.527 siniestros y 938,3 millones.
Valencia alcanza 584.498 incidentes y 481,3 millones.
Pero debemos interpretar estos datos con cuidado.
Que una provincia acumule más siniestros no significa automáticamente que allí se conduzca peor.
También influyen el número de vehículos, la población, la intensidad del tráfico, los kilómetros recorridos y las características de la movilidad.
Las cifras absolutas necesitan contexto.
Un seguro barato puede salir caro justo cuando lo necesitamos
Comparar precios es razonable.
Nadie quiere pagar más por exactamente la misma protección.
El problema es asumir que dos pólizas son iguales porque ambas llevan escrito «terceros ampliado» o «todo riesgo».
Pueden existir diferencias importantes en:
- asistencia en viaje,
- vehículo de sustitución,
- libre elección de taller,
- indemnización por siniestro total,
- valor venal o valor de mercado,
- franquicias,
- defensa jurídica,
- seguro del conductor,
- robo,
- incendio,
- accesorios,
- equipaje,
- exclusiones.
Una diferencia de 60 euros anuales puede parecer importante cuando contratamos.
Puede parecer bastante menos importante cuando necesitamos utilizar una cobertura que nuestra póliza no incluye.
¿Qué deberíamos revisar antes de renovar?
La renovación anual es un buen momento para dejar de mirar únicamente el importe del recibo.
Conviene preguntarnos:
¿Ha cambiado el valor del coche?
¿Hacemos más o menos kilómetros?
¿Lo utiliza otra persona?
¿Hay un conductor joven?
¿Dormimos ahora en garaje o en la calle?
¿Realizamos viajes largos?
¿Tenemos asistencia desde kilómetro cero?
¿Qué indemnización recibiríamos por siniestro total?
¿Qué capital tiene contratado el conductor?
¿Tenemos vehículo de sustitución?
¿Existe franquicia y cómo se aplica?
¿Podemos elegir abogado?
Puede que después de revisar todo decidamos continuar exactamente con la misma póliza.
Perfecto.
La diferencia es que habremos tomado la decisión sabiendo qué estamos comprando.
El seguro del automóvil también está cambiando
El automóvil actual poco tiene que ver con el de hace veinte años.
Vehículos eléctricos.
Sistemas ADAS.
Coches conectados.
Sensores.
Cámaras.
Software.
Nuevas formas de movilidad.
Y reparaciones cada vez más sofisticadas.
Todo esto terminará afectando también a los seguros.
Un pequeño golpe que antes requería cambiar un paragolpes puede afectar ahora a sensores y sistemas electrónicos que necesitan ser sustituidos y calibrados.
La tecnología puede reducir accidentes.
Pero también puede encarecer determinadas reparaciones.
Las aseguradoras tendrán que adaptarse y los consumidores tendremos que prestar cada vez más atención a qué cubren realmente nuestras pólizas.
Desde Territorio Seguro: no compre un precio, compre protección
Los casi 11 millones de siniestros registrados permiten extraer una conclusión bastante sencilla.
El seguro del coche se utiliza.
Y mucho.
La mayoría de nosotros no sufriremos un accidente grave cada año, afortunadamente.
Pero podemos necesitar una grúa, romper una luna, sufrir un pequeño golpe o encontrarnos con una avería lejos de casa.
Por eso el mejor seguro no tiene por qué ser el más caro.
Tampoco el más barato.
Es aquel que ofrece las coberturas que realmente necesitamos a un precio razonable.
Antes de renovar, compare.
Pero compare coberturas, límites, exclusiones y servicios.
No únicamente la cifra que aparece al final del presupuesto.
Porque el precio del seguro lo conocemos cuando lo contratamos.
El valor de la póliza lo descubrimos cuando necesitamos utilizarla.




Escribir un comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con*