Leo la prensa esta mañana y me encuentro con la noticia de una familia en un pueblo de Valencia que ha organizado una campaña de donación de fondos y ha recaudado más de 300.000 € para traer de vuelta a una chica tras un accidente de moto en Tailandia
Esta noticia (Fuente) me lleva a otra, de agosto, sobre un turista español en Cancún que sufrió un caso rarísimo de rabdomiólisis y volvió a casa con una factura médica de más de 150.000 €, también cubierta gracias a una recaudación de fondos (Fuente).
De estas dos historias saco dos conclusiones: la primera, que en general somos buena gente. Cuando hace falta, muchos ponen su granito de arena para ayudar. La segunda, que ¡lo estamos haciendo muy mal en el mundo del seguro!
Estas recaudaciones no tendrían que haberse hecho si el seguro que llevaban estas personas hubiera sido el adecuado. La chica de Tailandia tenía seguro, con una cobertura de 75.000 € en gastos sanitarios en el extranjero. Pero el ingreso en UCI cuesta unos 5.000 € al día, y a partir del día 16 empiezas a tener problemas, y de los gordos. El traslado a España, si es necesario un avión medicalizado, puede dispararse a más de 100.000 €.
El turista de Cancún, sin seguro, tuvo que salir lo antes posible, recibir diálisis, y volver como pudo. “Ni se me había ocurrido que algo pudiera pasar, así que no pensé en contratar un seguro”, confesó. Todos viajamos pensando que no va a pasar nada, pero pasan cosas.
Y es en ese momento donde tener un seguro adecuado puede marcar la diferencia.
Los que trabajamos en seguros lo vemos a diario, y claramente algo estamos haciendo mal para que vosotros, los consumidores, no consideréis un seguro de viaje adecuado cuando viajáis por vacaciones o trabajo.
Casi todas las compañías aseguradoras excluyen las enfermedades crónicas o preexistentes. Algunas cubrirán una urgencia, pero si la dolencia es crónica o la tenías antes de contratar el seguro, no tendrás la cobertura completa.
¿Hay alguna aseguradora que cubra las enfermedades preexistentes? Sí, pero no la encontrarás bien posicionada en los comparadores de precios de internet. No es la más barata. Pero si, por ejemplo, eres diabético o tienes insuficiencia cardíaca, ¿realmente quieres la opción barata sabiendo que, si algo pasa en destino, tu compañía te dirá que no te cubre?
Todas estas coberturas, exclusiones y limitaciones están en los condicionados generales y particulares de las pólizas. ¿Os habéis leído alguno? A veces son difíciles de entender, incluso para mí, que llevo 28 años asesorando a clientes sobre seguros y asistiendo en siniestros. Cada compañía tiene cláusulas distintas, y las cambia de vez en cuando, a veces ampliando coberturas y otras limitándolas. Un ejemplo: desde 2020, muchas pólizas excluyen las pandemias. Nadie lo imaginaba, pero ocurrió.
Ninguna compañía va a cubrir todo lo que puede pasar, siempre hay exclusiones o limitaciones de cobertura. Pero al menos debemos ser capaces de transmitir que en España tenemos un sistema de salud pública muy distinto al resto del mundo. Aquí nadie se muere por no poder pagar un tratamiento, pero fuera de nuestras fronteras la cosa cambia.
Si viajas por la UE y llevas la tarjeta sanitaria europea, te garantiza “la prestación en los términos del sistema sanitario del país”, lo que puede incluir copagos.
España, junto con Dinamarca, es de los pocos países sin copagos. Pero en países como Francia, Alemania, Grecia o Italia sí los hay, y tendrías que pagarlos. Además, tu repatriación no está cubierta, eso corre por tu cuenta.
Y esto solo hablando de lo que realmente importa: nuestra salud. Con una póliza adecuada también tendrás otras garantías, como coberturas de equipajes, responsabilidad civil durante el viaje, asistencia legal, demoras, overbooking, cancelación del viaje, accidentes, etc.
Cada compañía hace su paquete a su manera. Unas limitan la cobertura de asistencia sanitaria en el extranjero, otras ofrecen límites que van desde 300.000 € a 1.000.000 €, y algunas ofrecen gastos ilimitados. Ahí es donde nosotros, los asesores, podemos marcar la diferencia, aportando valor con nuestro asesoramiento para que nuestros clientes sepan lo que está cubierto y lo que no. Aunque luego, algunos no lo recuerden.
Por supuesto, el coste no es el mismo, pero todos deberíamos comenzar el viaje sabiendo cuál es nuestro límite: ¿viajamos sin nada? ¿Nos alcanza para una pequeña urgencia? ¿O viajamos con la seguridad de que nuestras familias no tendrán que organizar una recaudación de fondos?
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