Ordenanza Municipal de Zaragoza, transcurrido el periodo de gracia.

Ordenanza Municipal de Zaragoza, transcurrido el periodo de gracia.

Olvidando mi condición profesional y que ya contaba con la cobertura, cuando Zaragoza aprobó la nueva ordenanza que obliga a los ciclistas a contar con un seguro de responsabilidad civil, debo admitir que mi reacción inicial fue de rechazo.

Como ciclista que utiliza la bicicleta para casi todo, siempre he pensado que nuestro impacto en la ciudad es mínimo, tanto en términos ambientales como en el riesgo de accidentes, y me costaba entender por qué se tenía que asumir un coste adicional, cuando ya pedaleamos por calles diseñadas más para coches que para nosotros.

Sin embargo, tres meses después de su entrada en vigor, mi percepción ha cambiado radicalmente.

Al principio, sentí que la medida era una carga innecesaria. Argumentaba que las bicicletas no son como los coches o motos, que pueden causar daños considerables en un accidente. «¿Qué daño puedo hacer yo, una persona de 67 kilos en una bicicleta de 10, si apenas ocupo espacio y no supero los 25 km/h?«, pensaba. Sin embargo, con el paso de las semanas y escuchando historias reales de accidentes en nuestra ciudad, he tenido que enfrentarme a la realidad: el riesgo existe, y la responsabilidad como ciclista no es tan pequeña como podría parecer.

Ejemplos que me hicieron cambiar de opinión

Hace un mes, escuché sobre un accidente en la Plaza de Aragón. Ciclista que circula por el carril bici cuando un peatón cruza sin mirar. El impacto fue inevitable. Afortunadamente, nadie sufrió heridas graves, pero el peatón cayó al suelo y rompió un costoso reloj que llevaba puesto.

El ciclista, aunque no tenía toda la culpa, tuvo que hacerse cargo del daño, de contar con un seguro de responsabilidad civil, no habría tenido que asumir ese gasto de su bolsillo.

Otro caso que llegó a mis oídos fue el de una ciclista que atropelló a un niño en el Parque Grande José Antonio Labordeta. El niño salió corriendo de repente entre los arbustos y la ciclista, pese a frenar, no pudo evitar el impacto. El niño sufrió una fractura en el brazo, y aunque los padres no quisieron emprender acciones legales, los costes médicos privados que fueron significativos podrían haber sido reclamados a la ciclista.

Este caso me hizo reflexionar profundamente. Pensaba que los daños que podía causar con mi bicicleta eran insignificantes, pero un brazo roto o una lesión más seria cambia completamente esa percepción.

Mi propia experiencia

Lo que terminó de abrirme los ojos fue que desde la aplicación de la ordenanza ya he tramitado 3 siniestros de entre aquellos ciclistas que he asegurado.

El resultado de estos es diverso también, pero especialmente uno de ellos acabará teniendo un alto coste para la compañía aseguradora, el ciclista cliente no hace más que agradecer tanto la puesta en marcha de la ordenanza como la agilidad que tuvo para contratar la póliza desde mi plataforma.

La lección aprendida

Estos ejemplos obligan a replantearse muchas cosas. La bicicleta es un medio de transporte maravilloso, pero no está exento de riesgos. Por pequeño que sea el daño que podamos causar, las consecuencias pueden ser importantes, tanto económicas como personales.

Hay otra perspectiva, tener un seguro de responsabilidad civil no solo me protege a mí, sino también a los demás. Me hace sentir más seguro y tranquilo al circular, sabiendo que, en caso de un accidente, puedo cubrir los daños sin comprometer mi economía.

También me ha hecho más consciente de mi propia conducta como ciclista. Ahora presto más atención a mi entorno, respeto las señales de tráfico y evito situaciones de riesgo.

Una medida necesaria para una convivencia mejor

La ciudad de Zaragoza crece en su apuesta por la movilidad sostenible, cada vez somos más los que utilizamos la bicicleta como medio de transporte habitual. Ese aumento trae consigo una mayor probabilidad de conflictos con peatones, vehículos y otros usuarios de la vía pública.

Contar con un seguro de responsabilidad civil no es una medida de castigo, y sirve para garantizar que todos podamos convivir de manera más justa y equilibrada.

En estos tres meses, los accidentes registrados han demostrado que los ciclistas no somos inmunes a los errores ni a las situaciones inesperadas. Ahora veo esta ordenanza como un paso lógico hacia una movilidad más responsable.

Así que, a quienes como yo se opusieron inicialmente a esta medida, les diría: reflexionad. Pensad en esos momentos imprevistos en los que un segundo de distracción puede cambiarlo todo. Tener un seguro protege a los demás y a uno mismo.

Ahora pedaleando por las calles de Zaragoza, no siento esta obligación como una carga. La siento como una parte natural de mi compromiso como ciclista, como alguien que quiere formar parte de una ciudad donde todos podamos movernos con seguridad y respeto.

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