ABANCA utiliza su posición para realizar malas prácticas en la comercialización de seguros.

ABANCA utiliza su posición para realizar malas prácticas en la comercialización de seguros.

“Tu próximo recibo del seguro llegará en los próximos meses. ¿Sabías que existe un seguro de coche que puedes pagar mes a mes?”

Este es el texto literal del mensaje que reciben en sus móviles muchos clientes de ABANCA cuando alguno de sus seguros (no contratados con la entidad financiera, por supuesto) están próximos a vencer y a recibir el cargo del recibo de renovación.

Otra vez lo mismo. El Consejo General de Mediadores ha vuelto a levantar la voz –y con razón– ante lo que no puede llamarse de otra forma que una práctica abusiva por parte de Abanca. ¿El motivo? El envío de mensajes promocionales a clientes en pleno proceso de renovación de sus pólizas de seguro. Y lo más grave: utilizando datos que, en teoría, solo deberían usarse para la gestión de cobros, no para hacer campañas de marketing camuflado.

El mensaje en cuestión suena inofensivo: «Tu próximo recibo del seguro llegará en los próximos meses. ¿Sabías que existe un seguro de coche que puedes pagar mes a mes?». Pero lo que parece una simple oferta comercial, en realidad es un movimiento dudoso en términos de protección de datos. Porque la clave está en cómo se accede a esa información y con qué fin.

Cuando los datos del cliente se usan como gancho comercial

La denuncia parte de un caso concreto: una corredora de seguros de Pontevedra que recibió este mensaje en el mismo periodo en que su póliza estaba a punto de renovarse. No había dado su consentimiento expreso para recibir este tipo de comunicaciones. Y como profesional del sector, sabía exactamente lo que estaba ocurriendo: Abanca estaba utilizando los datos bancarios de los clientes –obtenidos por la domiciliación de recibos– para lanzar ofertas que benefician a otras empresas del grupo.

¿Es esto legal? No sin consentimiento previo, claro. La normativa sobre protección de datos es clara: no se puede usar la información personal, ni cederla a terceros con fines comerciales, si no se ha autorizado de forma explícita. Y mucho menos camuflar esa autorización entre líneas pequeñas y casillas preactivadas.

No es un caso aislado: es un modelo que ya chirría

Este episodio no es una excepción. Los Colegios de Mediadores llevan años denunciando este tipo de maniobras por parte de la banca en la comercialización de seguros. Decenas de demandas, muchas con sentencias favorables. Y todo porque se aprovechan de su posición privilegiada para jugar con ventaja en un mercado que debería regirse por la libre competencia y la transparencia.

El problema es de base: los bancos no distinguen entre ser entidad financiera y ser canal de distribución de seguros. Cuando ofrecen un préstamo, lo condicionan a contratar un seguro con ellos. Cuando tienes domiciliado un recibo, te mandan ofertas sin que tú hayas pedido nada. Y así, mientras los mediadores se rompen la cabeza por mantener la confianza de sus clientes, las entidades bancarias hacen caja con técnicas que rozan –o directamente cruzan– la línea de la legalidad.

¿Libre competencia? Sí, pero con las mismas reglas para todos

El Consejo General lo dice alto y claro: no están en contra de la competencia, pero exigen que sea con las mismas reglas para todos. Porque si un mediador hiciera lo mismo que la banca, ya estaría enfrentándose a una sanción. Pero aquí, parece que hay actores que juegan con red.

Y encima, mientras Abanca presume de compromiso con los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), sus prácticas en el área de seguros muestran otra cara: una gobernanza que pone los beneficios por delante del respeto al consumidor.

Esto no va solo de enviar un mensaje promocional. Va de cómo se trata la información del cliente. De si las entidades financieras ven a las personas como usuarios o como productos. Y de si las reglas del juego se respetan por igual, o se adaptan según quién las maneje.

La banca debería dejar de actuar como si pudiera cruzar todas las líneas rojas sin consecuencias. Y mientras eso no ocurra, los mediadores seguirán levantando la voz. Porque la confianza no se gana con un seguro más barato, sino con respeto y transparencia.

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