El Tribunal Supremo vuelve a darle la razón a los consumidores y deja sin efecto los recursos de más de un centenar de entidades financieras que intentaron esquivar la devolución de lo cobrado por las famosas cláusulas suelo.
Todo empezó en 2010, cuando ADICAE —la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros de España— decidió plantarse y presentar una demanda colectiva contra decenas de entidades que habían colado estas condiciones en sus hipotecas.
Más de 800 consumidores se sumaron a esa batalla legal que, tras años de idas y venidas, vuelve a confirmar lo que muchos clientes sabían: esas cláusulas eran opacas y abusivas.
En primera instancia, la Justicia ya dio la razón a los afectados, aunque algunas entidades se libraron parcialmente. Sin embargo, ahora, el Pleno de la Sala Primera del Supremo ha rechazado todos los recursos extraordinarios de los bancos, dejando claro que no hay vuelta atrás: toca devolver lo cobrado de más.
El caso no era sencillo. El Supremo tuvo que consultar al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para despejar dudas: ¿se puede presentar una acción colectiva de cesación aunque las cláusulas suelo no sean idénticas, sino parecidas? El TJUE lo dejó claro: sí. El artículo 7.3 de la Directiva Europea lo permite, aunque nuestra Ley de Condiciones Generales de la Contratación habla de cláusulas “idénticas”.
Para Europa, no hay matiz que valga: si el abuso se repite de forma similar, cabe acción colectiva.
El Supremo también reconoce lo complicado que fue, para muchos hipotecados, entender la trampa que escondían estas cláusulas. ¿Cuándo empezó el consumidor medio a darse cuenta? Algunos lo supieron cuando los tipos de interés bajaron entre 2007 y 2008 y vieron que su cuota apenas se movía. Otros no abrieron los ojos hasta la famosa sentencia de 2013, que empezó a destapar esta práctica masiva.
Este nuevo varapalo judicial refuerza algo que todos los clientes deberían tener claro: reclamar funciona. Y el sistema, aunque lento, termina dando la razón a quien defiende sus derechos. Que no te vendan humo: ni todos los contratos son transparentes ni todos los bancos juegan limpio. Por eso es vital leer la letra pequeña y, si hace falta, exigir lo que es tuyo.



Escribir un comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con*